Reflejo de las Estrellas

Gala de los Premios Goya 2012

Enrique López Márquez 19 febrero, 2012 Premiaciones No hay comentarios en Gala de los Premios Goya 2012
Gala de los Premios Goya 2012

LA vigesimosexta edición de los premios Goya, presentada por Eva Hache y ganada con total suficiencia por Enrique Urbizu y su No habrá paz para los malvados permite establecer algunas conclusiones. La fundamental es que no ha habido sorpresas en los Goya. Los pronósticos se cumplieron con las únicas novedades relativas de algunos premios menores que, por otro lado, se presentaban sin favoritos claros por la escasa solidez de las propuestas. Se dirá que, fieles a la tradición de la Academia española, Pedro Almodóvar gana en el extranjero lo que en su país se le niega. Pero en este caso, habrá que añadir que, aunque La piel que habito se adorna con la brillantez característica del autor de Todo sobre mi madre, carece de la solidez narrativa del filme del bilbaíno Urbizu. Dicho de otro modo, al analizar la corteza que rodea estos premios Goya, a la vista de las propuestas dadas por el aparato directivo del cine español, cabe afirmar que se asistió a una decisión sensata, equilibrada.

Equilibrada, pero tristona. Sin nervio. Apegada a una fórmula sobre la que no caben muchas innovaciones y ante la que uno no puede evitar la sensación de monotonía e insustancialidad. Así lo fueron la mayoría de los agradecimientos. Especialmente cuando quienes reciben el Goya suben en grupo y deciden aprovechar su minuto de gloria. Lo mejor de la Noche Hache fueron las intervenciones filmadas en las que la presentadora interactuaba con/en las cuatro películas finalistas al premio grande.

Lo peor, esa sensación de apatía y conformismo en donde la llamada al honor y al orgullo de su presidente vino precedida de un lamento: a través de internet (todavía) no llegan beneficios para quienes manejan la industria. Justa preocupación-reclamación de un representante del negocio que se sitúa en las antípodas del discurso de su predecesor, Alex de la Iglesia. No hay que olvidar que Enrique González Macho no proviene del sector creativo del cine, sino del mercantil. Paradojas del cine español y símbolo de su menesterosidad en tiempos de crisis. ¿Imaginan que al frente del Colegio de Arquitectos estuviera un constructor o que en la Asociación de la Prensa el máximo representante fuese uno de los dueños de una cadena de quioscos de prensa? Pues bien, eso es lo que acontece en la Academia del Cine Español.

HIERATISMO SOCIAL Así que, en un año que ha cambiado el Gobierno y dado que el cine español se mantiene en pie por las ayudas que recibe del sector público, todo en la ceremonia se movió por los estrechos cauces de una corrección política. Hieratismo social que, incluso cuando se premió el documental sobre Garzón y Coixet lanzó su brindis reivindicativo sobre la memoria, la platea no se inmutó y la amnesia de apoderó de los comentaristas.

Y es que debajo de esa corteza goyesca, late la naturaleza de una realidad cinematográfica que presenta graves problemas y una profunda anemia industrial. Sus criterios siguen siendo imprevisibles. Ganó el filme español al que el festival donostiarra despidió sin premio alguno mientras que la película española que triunfó en Donostia, el filme de Isaki Lacuesta, fue completamente olvidada.

En categorías como los documentales, cortometrajes y otros premios menores, la selección resulta inexplicable e injustificable. Cosas de una industria muy centrada en media docena de familias. En ese contexto, lo mejor de la noche, una noche con «muletillas» extremeñas reivindicando dinero para la Dehesa y con transformers como Belén Rueda transformando a nuestro Michel Gaztambide en un Maikel que dejó desconcertados a familiares y amigos, el minuto de oro estuvo en las palabras de Santiago Segura. Con ironía no libre de cinismo, Segura recordó lo que decíamos aquí mismo en la crónica de urgencia del festival de San Sebastián con motivo del estreno del filme de Urbizu. Que el personaje de Coronado parece una versión hard de suTorrente. Y es que en este país de hondas creencias y confesiones postreras, donde la reforma es justa, buena y necesaria, nos encantan los canallas. Especialmente si se redimen en el último momento. ¿Por qué será?

Fotos: Getty Images

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